No hay por qué odiar los tangos ni el mar ni las hormigas no hay por qué abominar de la sonrisa del sol de los mandados de los torpes cuidados de los hombres no hay por qué estar asqueado de los diarios de los informativos de la radio de las concentraciones. O hay por qué. Hay. Si habrá. Puta si habrá. Pero no hay que. Supongo.